dijous, 18 de setembre de 2008

Som europeus?

Us deixo un article que vaig llegir fa un parell de dies a El Periódico, seguim sent el nord d'Àfrica i no el sud d'Europa...

16/9/2008 Edición Impresa ZONA FRANCA // RAMON SALABERT

Salarios

RAMON Salabert
ECONOMISTA

No creo aventurado asegurar que el tema del otoño será cómo se comportarán los salarios, del latín, salarium, que significa pagar con sal, ya que así era como se retribuía a los soldados en la Roma imperial. Actualmente, tanto empresarios como trabajadores pactan las retribuciones con métodos mucho más sofisticados, aunque el resultado viene a ser el mismo, cuánto recibimos por el trabajo que desarrollamos.
La teoría económica está repleta de literatura que estudia la evolución de los salarios y sus implicaciones en la economía, tanto la domestica, como la empresarial, así como su incidencia en el PIB y la macroeconomía de los países. Todos conocemos expresiones como "un aumento desproporcionado de los salarios puede aumentar la inflación", "si aumentamos la productividad los salarios crecen" o "los costes salariales pueden producir pérdida de competitividad".
Siendo estas expresiones ciertas, el contexto en el que se pronuncian es muy importante. Si añadimos algunos datos comparativos todo es más relativo. Por ejemplo, el salario medio en España es de 20.348 euros, mientras el de la UE de los 15 es de 34.412 euros. Es decir, que si la moneda es la misma y los costes de los productos básicos se han equiparado, nuestro poder adquisitivo es un 69% menor que el de un alemán. O bien saber que en el periodo 1999-2006 las empresas españolas han aumentado sus beneficios netos un 73%, mientras los de la UE-15, han crecido un 33,2%, y, en cambio, en el mismo periodo, los costes laborales en España han aumentado un 3,7%, cinco veces menos que los de la UE-15 (que han crecido un 18,2%). Estos datos revelan que, no necesariamente, los salarios son los que provocan problemas en nuestra competitividad o que sean portadores de inflación.
Cuando se negocian salarios, debemos trasformarlos en salario neto disponible, así sabremos nuestra capacidad real de compra y/o ahorro. Para ello debemos tener presentes tres variables: el IRPF que nos aplican, la inflación que nos resta capacidad de compra y los tipos de interés de las hipotecas. Aumentar el salario bruto no es sinónimo de ganar poder adquisitivo si lo demás no acompaña. Atención a los datos.